Entrevista J.C. FALCÓN – La Caja(2006) | Fotogramas

Colocando un cadáver en casa ajena: así debuta en el largo Juan Carlos Falcón. ¿La Caja¿ es una comedia negrísima que une risas y mal cuerpo y que cuenta con un póquer de actrices de primera: Ángela Molina, Elvira Mínguez, María Galiana y Antonia San Juan.

Su primer largo sigue la estela de sus cortos: la muerte es la gran protagonista.
No soy ningún freakie ni ningún siniestro. Es cierto que es un tema que me atrae, y están los títulos de mis cortos (Mátame, O me quieres o me mato, Persuasor de muerte)… No tengo ningún tipo de obsesión hacia la muerte, pero me gusta jugar con ella, desdramatizarla. Siempre me ha llamado la atención el teatrillo que en la cultura latina se monta alrededor de ella: los velatorios, los entierros, el aparentar…

¿Ha sido complejo encontrarle el tono al film?
Ese era el gran reto de la película: no caer ni en la comedia ligera ni en el drama gris de posguerra. Me gusta mucho la comedia negra, y eso me permitía reflejar el sufrimiento de esas mujeres, y jugar con elementos humorísticos y dramáticos, de manera que una cosa ayudara y complementara a la otra.

No ahorra escenas de cierta truculencia.
Los espectadores somos voyeurs de las reacciones de algunos personajes, de momentos absolutamente íntimos, con el muerto. Cada una de las protagonistas, por ejemplo, tiene su minuto de oro con el cadáver, su momento de cumplimentar su particular venganza. Sabía que corría riesgos con estas secuencias: podían salir bien o mandar la película a tomar viento, así que intenté asegurarme de dejarlo todo justificado en el guión. Pero es verdad que había que ser valiente para tirar adelante esos matices. La escena del mortero con Antonia San Juan, por ejemplo… Se puede pensar que la escena es innecesaria, pero después llega a parecer poco.

Tras su presentación en el Festival de Valladolid hubo quienes compararon La Caja con el cine de Berlanga o de Almodóvar.
Es genial que te comparen con autores de ese calibre. Es verdad que les admiro muchísimo, pero en ningún momento he querido plasmar influencias conscientes. Me siento muy halagado, pero yo aspiro a crear mi propio sello, aunque es innegable que en cine está todo inventado, y que has mamado de muchas influencias que de forma consciente o inconsciente se van plasmando en tu trabajo.

Con Almodóvar comparte un evidente gusto por mostrar universos femeninos.
Es lo que he mamado de pequeño: vengo de una familia matriarcal y me siento cómodo entre mujeres. La historia solo podía contarse así: cada mujer tiene un tipo de personalidad, pero juntas conforman una mujer completa.

¿Y qué nos puede decir de sus cuatro actrices?
Comparándolas con los cuatro elementos diría que Ángela Molina es aire: un ser generoso, volátil; enamora a la cámara, tiene una magia innata. Elvira Mínguez es tierra: una mujer con los pies en el suelo, que entiende y conoce a la perfección la técnica de cine y que trabaja a favor del equipo; tiene un talento tremendo y se ha currado un trabajo de acento envidiable. Antonia San Juan es fuego, la luz de la película, aporta energía, vitalidad, siempre anima a todos y bromea constantemente. Y María Galiana es agua: el elemento más antiguo… aquello de más sabe el Diablo por viejo que por Diablo se le aplica por su experiencia de vida; estaba cansada de hacer de abuelita adorable y quería hacer un papel siniestro, dar otra cara.

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